¿Quién responde a las preguntas de los niños?

En el panel 2 en Asís, especialistas y referentes del ámbito educativo debaten sobre las nuevas generaciones, cada vez más invisibilizadas y desatendidas.

¿Somos realmente capaces de escuchar las preguntas de los niños? Y, sobre todo, ¿sabemos acercarnos con respeto a sus pensamientos y con delicadeza a sus palabras? ¿Cómo podemos propiciar un diálogo educativo con los más pequeños?

Durante la segunda jornada del encuentro “Paz Desarmada y Desarmante”, celebrado en Asís, el panel 2, titulado «Las preguntas de los niños”, abrió un espacio de intercambio entre especialistas y figuras del ámbito educativo.

“¡Busquemos de inmediato a otro Francisco!”Con estas palabras inauguró la sesión el padre Ibrahim Faltas, director de las Escuelas de Tierra Santa, quien invitó a “mirar dentro de nosotros mismos y preguntarnos: ¿podemos ser otro Francisco?”. Asimismo, remarcó que “las preguntas de los niños no buscan respuestas con palabras: nos piden que nosotros mismos seamos la respuesta. Una respuesta hecha de presencia, justicia y ternura.”

Por su parte, Adriana Gulotta, responsable internacional de las Escuelas de la Paz de Sant’Egidio, abordó el cambio de época impulsado por el entorno digital y sus consecuencias en el desarrollo infantil. “La pantalla desplaza al mundo real,” afirmó, “y la verdadera pérdida no se limita al aburrimiento, a la pérdida de vocabulario, movimiento, juego, lectura o incluso sueño, sino que radica en la renuncia involuntaria y total al encuentro con el otro”. Este vínculo es indispensable en cualquier etapa de la vida, pero resulta crucial en la infancia, dado que “la inteligencia humana se forja en el encuentro con los demás”. A través de las Escuelas de la Paz, los jóvenes de Sant’Egidio responden de manera concreta a la necesidad de “ofrecer a los niños, y a sí mismos, espacios de encuentro: los unos para los otros, los unos con los otros”, concluyó Gulotta.

La ausencia de espacios de diálogo y, en especial, de escucha para la infancia y la juventud deja al descubierto una cruda realidad para las nuevas generaciones advirtiendo que se han “convertido en un sector demográfico marginal,” de acuerdo a la profesora Elena Malaguti de la Universidad de Bolonia. Ante este panorama, insistió en la urgencia de abrir en las instituciones públicas, como escuelas y universidades, ámbitos capaces de entablar un diálogo renovado con los jóvenes. Las inquietudes de los niños interpelan directamente a los adultos para garantizar que a ninguno se le prive del derecho al juego, a la educación y a la salud. Son preguntas que muchas veces quedan sin contestar por “el miedo del adulto a responder; no porque no tenga la respuesta, sino porque no sabe cómo darla”. 

“Los adultos no hablan con los niños de la muerte, la discapacidad o la vulnerabilidad”, observó Malaguti. “Solo reconstruyendo un espíritu de paz y armonía, y viviendo la experiencia de la amistad y la escucha desinteresada,” concluyó, “el proceso educativo podrá construir un entorno seguro donde sea posible hacer preguntas, pero también reflexionar y escuchar juntos las respuestas… porque educar no consiste solo en imponer restricciones y castigos, sino en generar espacios de mediación y diálogo”.